El calendario lunar de siembra es una práctica tradicional muy extendida, que propone sembrar, trasplantar o cosechar según la fase lunar. Vale la pena revisar qué hay de cierto detrás de esta creencia tan arraigada.
En qué se basa el calendario lunar
La idea tradicional sostiene que la luna influye en el movimiento de los fluidos de las plantas de forma similar a como influye en las mareas, y que las distintas fases (luna creciente, llena, menguante, nueva) favorecen distintas actividades: siembra de hojas en creciente, de raíces en menguante, etc.
Qué dice la evidencia científica
Los estudios controlados que han intentado medir un efecto directo de las fases lunares sobre el crecimiento de las plantas no han encontrado, en general, una relación consistente y reproducible. La influencia gravitatoria de la luna sobre el agua contenida en el sustrato de una maceta es, según la física, muchísimo menor que la que provoca las mareas oceánicas, y prácticamente indetectable a esa escala.
Por qué mucha gente sigue jurando que funciona
Es habitual que quien sigue el calendario lunar también preste, por el mismo hecho de seguir un calendario, más atención general a sus cultivos: revisa el sustrato, planifica con antelación, es más constante. Esa atención adicional (no la fase lunar en sí) es probablemente la que explica buena parte de los buenos resultados que se atribuyen a la luna.
Qué factores tienen realmente más peso
- La temperatura y la estación del año: con diferencia, el factor más determinante para el éxito de una siembra. Consulta el calendario de siembra completo mes a mes para planificar según esto, que sí tiene un respaldo sólido.
- El riego constante y adecuado: la variable con más impacto directo día a día en el desarrollo de la planta.
- La calidad del sustrato y el abonado: determinan la disponibilidad real de nutrientes para el cultivo.
- La luz disponible: condiciona qué cultivos son viables en cada ubicación concreta.
Nuestra recomendación
Si te resulta motivador seguir un calendario lunar como recordatorio o ritual, no hace ningún daño seguirlo, siempre que no sustituya la atención a los factores que sí tienen un impacto demostrado: la estación correcta, el riego constante y un sustrato de calidad. Dedicar ese esfuerzo de planificación a esos aspectos suele dar mejores resultados que ajustar la siembra a las fases de la luna.

